Hipocondría

¿Qué es la hipocondría?

El cuidado de nuestro cuerpo y las preocupaciones razonables por la salud son conductas adecuadas, sirven para prevenir diferentes enfermedades. Y, desde luego, cuando se padece realmente una enfermedad, son aún más adecuadas, siempre y cuando, sean proporcionadas a la enfermedad padecida.

Lo que ocurre en la hipocondría es una desorbitada preocupación por padecer enfermedades que o no se tienen, o, teniéndolas, no justifican semejante preocupación. Las cavilaciones se basan en pequeñas sensaciones físicas vagas e imprecisas. Esta inmensa preocupación genera mucha angustia y suele llevar al descuido de diferentes actividades que la persona antes realizaba con normalidad -ej. abandono del trabajo, desatención a la vida de pareja por estar más centrado uno en sus propias sensaciones-.

Los componentes esenciales de la hipocondría se pueden dividir en tres formas de respuesta:

Síntomas de la hipocondría

Los componentes esenciales de la hipocondría se pueden dividir en tres formas de respuesta:

a) Cognitivos (pensamientos):

Preocupación por el propio cuerpo y por padecer diferentes enfermedades.
Rumiaciones sobre síntomas, salud y enfermedad y sus consecuencias
Autobservación excesiva de las funciones del cuerpo y tendencia a verlas como señal de enfermedad.
-
Más atención a las posibles consecuencias negativas, desoyendo los aspectos más saludables de uno mismo y de la vida.

b) Emocionales-fisiológicos:

Ansiedad
- temores sin correspondencia con el peligro real
- cambios en el estado de ánimo

c) Conductuales:

Hablar a propios y extraños de las varias dolencias y síntomas.
-
búsqueda de información en diferentes fuentes (enciclopedias, otros enfermos, familiares…). 
-
Autoobservaciones repetidas y manipulación de diferentes partes del cuerpo para comprobaciones diversas.
Aumento de las visitas a médicos y especialistas, y deterioro de las relaciones con éstos.
- disminución de otras actividades sobretodo las de buena salud y aquellas que implican responsabilidad social o laboral.

Origenes de la hipocondría : ¿Por qué tengo hipocondría?

EL MODELO COGNITIVO DE LA HIPOCONDRÍA: EL MODELO DE KELLNER (1991)

Básicamente el modelo de Kellner (1991) parte de la idea de que el sujeto ha desarrollado una convicción sobre la creencia de tener una enfermedad física o la posibilidad de desarrollarla a partir de ciertos indicios físicos.

Este esquema se habría formado a partir de un contexto sociofamiliar donde el paciente habría sido expuesto a modelos familiares con enfermedades y habría realizado un aprendizaje por observación (“imitación identificativa”). También podría haber estado expuesto a distintos factores yatrogénicos como el logro de refuerzos (atención, evitación de responsabilidades, etc) de modo inadvertido por su entorno (sanitarios, familia..) a partir de diagnósticos erróneos sobre enfermedades detectadas. Igualmente el sujeto al estar expuesto a enfermedades propias o ajenas podría haber realizado un aprendizaje de percepción selectiva, prestando atención a los signos de cambio físico y atribuyendo esos cambios a enfermedad física. Ese esquema cognitivo sería “activado” por determinadas sensaciones internas (procesos corporales normales como cambios fisiológicos asociados con la digestión, respiración, cansancio físico, etc; procesos patológicos menores como cefaleas de tensión, dispepsia, retortijones abdominales, etc; variaciones emocionales como ansiedad, tristeza, ira, etc, y estímulos externos como noticias o informaciones sobre enfermedad y temas relacionados). La activación produciría un procesamiento selectivo de la información (abstracción selectiva) centrándose en las señales internas y externas displacenteras y focalizando la atención en ellas y realizando interpretaciones de amenaza sobre ellas (visión catastrófica: temor a las consecuencias del malestar).

El resultado sería una sensación de malestar personal real, atribuido por el sujeto a una enfermedad. El círculo vicioso resultante sería: el paciente observa una sensación corporal (percepción selectiva), interpreta erróneamente a esta como signo de enfermedad, se dispara otros pensamientos-temores referentes a las consecuencias de la enfermedad, muerte.., se produce un aumento de las sensaciones corporales y la ansiedad asociada, realiza una conducta de búsqueda de seguridad (chequeos, tranquilización) que produce un efecto de tranquilidad pasajera.

Tratamiento cognitivo-conductual de la hipocondría

Desde el punto de vista psicológico, una vez comprobado que hay un buen estado de salud, el foco de tratamiento pasan a ser las preocupaciones por la salud y las emociones y conductas asociadas. Los medicamentos no son efectivos, salvo en la medida en que reducen la ansiedad o el desánimo.

El tratamiento psicológico que más claramente ha demostrado su eficacia es el llamado cognitivo-conductual . Se enseña al paciente y a sus sus familiares si es necesario, nuevas formas de afrontar el problema y se les anima a que dejen de afrontarlo como hasta ahora hacían. Además hay otros componentes específicos como son la relajación, la exposición a las propias sensaciones previniendo respuestas de evitación, reconsideración de los síntomas regulación del estado de ánimo y la ansiedad, análisis de errores en la atribución, programación de tareas y prohibiciones, etc…

En los tratamientos psicológicos se explican al paciente los factores de origen y de mantenimiento de la hipocondría, Se le insta a que deje de hacer continuas visitas a médicos y especialistas, a que procure no hablar repetidamente de sus dolencias y síntomas y, en general, a que deje de centrar su vida en la preocupación por padecer una grave enfermedad.

A las personas cercanas se las invita a que no recompensen las quejas ofreciendo algún tipo de beneficio o ganancia. Todo esto que se desaconseja, está relacionado con la solución que hasta ahora se ha intentado, y que, seguramente, no ha dado resultado.

Siguiendo a Kellner (1991) los objetivos de la terapia serían:

(1) Reducir el temor a la enfermedad y a la muerte.
(2) Reducir los síntomas y sensaciones de malestar físico.
(3) Reducir la ansiedad y/o depresión asociada.
(4) Mejorar la comprensión de los síntomas por el paciente.
(5) Modificar la base cognitiva: Creencia de que se está enfermo, atención selectiva a cambios corporales e interpretaciones amenazantes ligadas a cambios corporales normales o pasajeros.

La terapía Psicológica es fundamental para este trastorno, ya que sin él tiende a cronificarse de por vida y así la persona alterna periodos con menos síntomas haciendo creer una posible mejoría pero retomaran otros con gran malestar.

Todas las terapias:

Si quieres saber más acerca de las terapias por favor no dudes en ponerte en contacto con nuestro Centro de Psicología. De este modo podré valorar en una primera sesión gratuita tu motivo de consulta y orientarte hacía el tratamiento más adecuado.

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