¿Pueden las restricciones de la pandemia afectar a nuestro estado de animo?

¿Qué es la tristeza? ¿Es normal sentirla?

La tristeza es una emoción básica normal y adaptativa que todos podemos sentir en diferentes momentos de nuestra vida. Bajo diferentes circunstancias, todos vamos a experimentar en ocasiones un estado de ánimo más bajo. Solemos asociar la tristeza con determinadas circunstancias relacionadas con procesos de duelo y adaptación a cambios importantes, como el fallecimiento de un ser querido, una ruptura de pareja, deterioro de la salud… Sin embargo, hay otros muchos sucesos que nos hacen sentir tristes de manera normal y esperable.

Por ejemplo, momentos en los que vemos disminuir o deteriorarse las actividades agradables y sociales que realizamos, suelen impactar en nuestro estado de ánimo haciéndonos sentir tristeza. De esta manera, podemos sentir un estado de ánimo más bajo cuando tenemos menos momentos para el disfrute por estar muy ocupados, o cuando hemos estado dedicando muchas horas a un proyecto o trabajo y hemos tenido menos contacto social con amigos y familiares. Es decir, también sentimos tristeza cuando recibimos menos reforzadores: elementos y situaciones que nos hacen sentir bien, que nos producen placer y disfrute, que nos distraen y nos entretienen.

La tristeza es, por lo tanto, una emoción que instiga a la búsqueda de apoyo y conexión social, a la realización de actividades que nos produzcan bienestar y a poner el foco de atención en nosotros mismos y en qué necesitamos. A su vez, nos ayuda a digerir y aceptar los cambios y pérdidas, y a adaptarnos a situaciones nuevas.

 

¿Pueden las restricciones afectar en nuestro estado de ánimo?

La situación derivada de la crisis sanitaria de la covid-19 ha supuesto una gran cantidad de cambios sin precedentes en nuestras vidas. A la grave situación sanitaria y económica, se le han venido añadiendo una serie de limitaciones y modificaciones en las medidas que debemos seguir dentro de este escenario excepcional: confinamientos domiciliarios, cierre de establecimientos de ocio, limitaciones al número de personas que pueden juntarse, disminución de los contactos sociales en nuestro día a día, imposibilidad de viajar, horarios concretos para determinadas actividades, teletrabajo, limitaciones para ver a amigos y familiares, cierre perimetral de barrios…

Como consecuencia, desde hace meses, la frecuencia y cantidad de actividades que nos producen bienestar se han visto reducidas. Todo esto, supone dos grandes factores que inevitablemente afectan en nuestro estado de ánimo: perder temporalmente elementos importantes de nuestra vida, y ver drásticamente reducidos los reforzadores que obtenemos en nuestro día a día. Es decir, bajo este escenario, es completamente normal y esperable sentir tristeza con mayor frecuencia que antes de las restricciones.

 

¿Cuales son las sensaciones y consecuencias de la tristeza?

La tristeza, como el resto de emociones, nos hace experimentar diferentes sensaciones a nivel físico y puede influir también en las cosas que hacemos. Así, cuando tenemos un estado de ánimo más bajo, sentimos bajar nuestro nivel de energía y de actividad. Podemos sentirnos desmotivados y cansados, como si nos costase trabajo hacer las mismas cosas que en otros momentos hacíamos con energía. También es habitual que experimentemos un disfrute menor al hacer cosas que antes nos gustaba hacer, y menos ganas de involucrarnos en estas actividades.

Cuando sentimos tristeza, es habitual además experimentar algunos sesgos en nuestros pensamientos, los cuales en ocasiones pueden tener un contenido catastrofista que no refleja la realidad objetiva, pero que acompaña con frecuencia a esta emoción. Por ejemplo, podemos pensar “nunca vamos a poder volver a juntarnos”, “he cambiado y ya no volveré a disfrutar”, “ahora siempre vamos a estar más distantes”, o “nunca seremos tan felices como antes”. Estos pensamientos contienen distorsiones que no reflejan la realidad e intensifican el malestar, pero forman parte de una reacción natural cuando experimentamos tristeza. Es útil conocerlos e identificarlos, para poder estar alerta de ellos pero no asustarnos por su presencia.

 

¿Cómo gestionar la tristeza?

En ocasiones, no entender lo que estamos sintiendo puede alarmarnos o hacernos tratar de eliminar nuestras emociones, lo que paradójicamente puede aumentar el malestar. Comprender, aceptar y normalizar cómo nos sentimos ayuda a que el malestar sea más manejable. En un momento en el que los reforzadores de nuestro día a día se han reducido tanto durante mucho tiempo sostenido, sentir tristeza es una respuesta normal ante una situación excepcional. Es una respuesta emocional que refleja el hecho de que estamos teniendo menos contactos sociales, menos actividades agradables y menos proyectos ilusionantes a corto plazo.

Cuando nuestro estado de ánimo está más bajo, sentimos menos ganas y energía para hacer actividades lúdicas, y por lo tanto invertimos menos tiempo en este tipo de tareas. De esta manera, recibimos todavía menos reforzadores, por lo que nuestro estado de ánimo baja un poco más, tenemos menos motivación, y se retroalimenta el círculo vicioso. Por esto, poner atención en hacer el esfuerzo de realizar actividades agradables que disfrutamos, o que hayamos disfrutado en el pasado, ayuda a romper este bucle. Es normal que no las disfrutemos igual, o que no las hagamos con las mismas ganas. El objetivo no es sentir el mismo bienestar que en otros momentos, sino introducir pequeñas ocasiones de eventos reforzantes, dentro de las posibilidades que permiten las restricciones.

Mantenernos conectados con nuestro círculo social es una herramienta importante para sentirnos apoyados, comprendidos y generar emociones de bienestar. Podemos sentir menos interés y motivación a la hora de buscar contacto con otros, y los medios telemáticos dificultan esta actividad. Sin embargo, es importante que intentemos impulsar estos momentos para expresarnos y desahogarnos, con las modificaciones necesarias para la situación sanitaria en la que nos encontramos.

 

AYUDA PROFESIONAL PARA LA TRISTEZA

Si bien estas reacciones que hemos descrito son completamente normales en la situación actual, en ocasiones pueden existir otros factores que intensifiquen el malestar y las limitaciones que sentimos:

  • Experimentar malestar con una intensidad o frecuencia altas, viendo interferidas nuestras actividades diarias.
  • Sentir tristeza desde hace mucho tiempo, incluso antes de las restricciones, habiéndose agravado o intensificado debido a esta situación generada por la crisis sanitaria.
  • Experimentar además otras emociones y pensamientos desagradables intensos como ansiedad, miedo, angustia o preocupaciones recurrentes.
  • Existir otros problemas añadidos en cualquier área importante de nuestras vidas que inevitablemente nos generan dolor y sufrimiento.

En estos casos, buscar la ayuda de un profesional nos orientará hacia la asistencia necesaria para abordar lo que nos está sucediendo, desarrollando estrategias y herramientas que nos ayuden a aumentar nuestro estado de ánimo e impulsen nuestro bienestar.

 

Página web Bienestar Emocional del Ministerio de Sanidad: https://bemocion.sanidad.gob.es/

Guía de pautas del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid:

Santiago Cid Paz Psicólogo Clínico, orientación cognitivo-conductual. Licenciado en la Universidad Pontifica de Salamanca con Master en Psicología Clínica y de la Salud en la Universidad Complutense de Madrid. Experto en EMDR nivel I por la Asociación Española EMDR. Especialista en tratamientos de ansiedad.

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