¿Cómo influye la autoestima en nuestra salud?

cuaderno con un corazón dibujado y palabras para mejorar la autoestima y salud

“La Salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 1948).

Desde los últimos años, las enfermedades de mayor mortalidad y morbilidad han estado muy relacionadas con lo que hacemos, con nuestro comportamiento y estilo de vida, por lo que nuestra conducta ha ido adquiriendo un gran peso en el mantenimiento de nuestra salud, fomentando un papel activo del individuo.

La manera en la que una persona piensa, siente y actúa está regulada, en gran medida, por el sentimiento de valía, aceptación y aprecio personal, esto es, nuestra autoestima. Por ello, la autoestima tiene una relación directa con nuestro bienestar, en tanto que dirige hacia comportamientos destinados a estimular o mantener la salud y prevenir la enfermedad o frenar su evolución o, por el contrario, a conductas patógenas o de riesgo para la salud.

 

Algunos ejemplos de tales conductas son la ausencia de ejercicio físico, el sedentarismo, descuidar la alimentación y el peso, descuidar la higiene, dormir pocas o muchas horas, consumir tabaco, alcohol y otras drogas, automedicarse, no usar protección en relaciones sexuales, conductas temerarias (tráfico, agua, caídas, quemaduras, intoxicaciones, etc.), no buscar atención sanitaria o someterse a revisiones o no seguir el tratamiento recomendado.

 

En general resulta más difícil mantener los comportamientos que protegen la salud porque son menos placenteros que las conductas de riesgo alternativas, la prevención requiere a menudo un cambio duradero del comportamiento y los efectos positivos o negativos no suelen ser inmediatos, entre otras causas.

 

¿Qué efectos tiene una autoestima sana sobre la salud?

 

Una autoestima sana motiva a cuidar de uno mismo, facilita el paso a la acción y el mantenimiento de los comportamientos dirigidos a promover la salud y prevenir la enfermedad o frenar su evolución. Las personas que gozan de un buen nivel de autoestima, al valorarse personalmente de forma positiva, sienten emociones positivas que ayudan a mantenerse activo a nivel individual y social, retroalimentando a su vez estas emociones. Se sienten seguros y optimistas y tienen un adecuado autocontrol, lo que ayuda a perseverar en comportamientos como seguir una dieta o un plan de tratamiento y lograr así sus objetivos, contribuyendo al mantenimiento de su autoestima.

 

Generalmente, las personas con una autoestima sana se perciben con recursos adecuados y suficientes para afrontar situaciones difíciles. Según la teoría de Albert Bandura (1977) la percepción de las personas acerca de su propia eficacia influye en la salud en cuanto variables cognitivas motivacionales que regulan el esfuerzo y la persistencia en los comportamientos elegidos (dejar de fumar, control de la ingesta, adherencia a tratamientos, realizar ejercicio físico, etc.). Del mismo modo, las expectativas de los resultados que las personas anticipan dependen en gran medida de la creencia en la capacidad para realizar determinadas acciones.

 

¿Cómo afecta una baja autoestima a la salud?

 

La persona que se valora negativamente tiende a experimentar emociones negativas que predisponen a comportamientos poco saludables como el consumo sustancias, el aislamiento social o el incumplimiento de las prescripciones médicas. Diversas investigaciones demuestran que estados de ánimo negativos intensos y/o prolongados se asocian con vulnerabilidad a la enfermedad, bajo apoyo social y alta conflictividad interpersonal, incrementan la percepción y reporte de síntomas, disminuyen la predisposición a buscar atención medica oportuna y complican la recuperación de intervenciones quirúrgicas.

 

Además, los individuos con baja autoestima infravaloran sus recursos de afrontamiento y evitan exponerse a situaciones que les generan ansiedad, lo que reduce el nivel de actividad afectando a la cantidad y calidad de las relaciones sociales, retroalimentando el afecto negativo y contribuyendo al ciclo de la baja autoestima.

 

Otra característica de la baja autoestima es que conduce a postergar las metas. La persona espera a que llegue la motivación para pasar a la acción cuando, es la acción la que llama a la motivación, construye justificaciones y se siente culpable por no lograr los objetivos propuestos, aumentando su pesimismo e inseguridad. En este sentido, es frecuente encontrarse personas que tratan de ganar autoestima continuamente en el trabajo, sometiéndose a elevados niveles de estrés y anteponiéndolo a todo lo demás, sin dejar espacio a actividades gratificantes o cuidar los hábitos básicos de sueño, alimentación y ejercicio físico.

En palabras de Scott Peck, “hasta que no te valores a ti mismo, no valorarás tu tiempo, y hasta que no valores tu tiempo, no harás nada con él”.

 

¿Qué impacto tienen las relaciones sociales sobre la salud?

El apoyo social es un recurso de afrontamiento del estrés y un amortiguador de sus efectos y contribuye a la promoción de un estilo de vida saludable. Por el contrario, la ausencia de apoyo social puede exponer al individuo a estrés, el cual podría producir algunos efectos en la actividad fisiológica, ya sea de modo directo, produciendo efectos negativos sobre los sistemas inmunológico, cardiovascular e intestinal, o mediante procesos psicológicos como los cuadros de ansiedad o depresión. Tiene influencia en la progresión y ajuste a enfermedades crónicas, entre ellas el cáncer y la enfermedad cardíaca.

En conclusión, la autoestima coexiste con el diálogo interno de la persona, qué se dice a sí misma y cómo lo hace. Cuando la autoestima se encuentra preservada suele existir un diálogo optimista, motivador y autorreforzante. En cambio, cuando la autoestima está dañada este diálogo se convierte en fuente de autocrítica y autoexigencia, obstaculizando la perseverancia de los comportamientos dirigidos a fomentar la salud.

Si crees que tu nivel de autoestima es mejorable, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Te ayudaremos a valorarte y a aceptarte para alcanzar un nivel óptimo de salud.

 

 

 

Santiago Cid Paz Psicólogo Clínico, orientación cognitivo-conductual. Licenciado en la Universidad Pontifica de Salamanca con Master en Psicología Clínica y de la Salud en la Universidad Complutense de Madrid. Experto en EMDR nivel I por la Asociación Española EMDR. Especialista en tratamientos de ansiedad.

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