Los tres estilos de comunicación y sus efectos

Tenemos diferentes estilos de comunicación

A la hora de hablar de los estilos de comunicación, se han señalado siempre tres grandes grupos: pasivo, asertivo y agresivo. Antes de profundizar en cada uno de ellos, hay algunos aspectos básicos que es muy importante resaltar y aclarar:

  • Se trata de estilos de comunicación, no de características de las personas. Es decir, que una persona en un acto comunicativo emplee un estilo agresivo, por ejemplo, no quiere decir que sea una persona agresiva. No son atributos de las personas, si no atributos de lo que sucede en el intercambio al comunicarse.
  • Al ser una característica de un acto comunicativo, el estilo de comunicación se refiere a la comunicación que existe en la interacción entre dos personas. Es decir, no solo entra en juego lo que hace o dice el emisor, si no que en la identificación del estilo también es importante la reacción del receptor, el efecto que el mensaje de uno tiene en el otro.
  • No son categorías cerradas, se trata de un continuo. Todos nos movemos en algún margen de este continuo de forma más o menos estable, aunque hay situaciones en las que, dependiendo de las características del escenario o de nuestro estado, podemos comunicarnos desde otro punto del continuo.

 

En este continuo, los estilos de comunicación irían desde el polo “pasivo” al polo “agresivo”, dejando el estilo de comunicación “asertivo” en el centro. Como hemos comentado, estos estilos no son categorías cerradas inconexas y “puras”, si no que se mezclan y sus características son dinámicas (entre asertivo y agresivo hay muchísimos puntos intermedios y, de hecho, nos movemos en un margen considerable). Como decimos, deben ser tomados con cautela ya que en la realidad no existe una comunicación “puramente asertiva, pasiva o agresiva”.

 

1. Estilo de comunicación Pasivo

En este estilo, la persona que comunica inhibe sus pensamientos, deseos, opiniones, emociones y necesidades. Entre otros motivos, podemos comunicarnos desde este estilo si sentimos miedo o inseguridad acerca de la respuesta que va a tener nuestro interlocutor ante lo que realmente querríamos expresar. Este estilo frena el flujo de la comunicación ya que imposibilita al interlocutor conocer las necesidades y pensamientos del emisor y en ocasiones puede provocar que la interacción gire únicamente entorno a las necesidades del receptor.

Comunicación no verbal del estilo pasivo

Cuando empleamos este estilo de comunicación, la expresión de nuestra cara puede mostrar emociones relacionadas con la inhibición como la inseguridad, timidez, susto o tristeza. La mirada tiende a ser evitativa, mirando al suelo y escapando del contacto visual directo. La voz suele tener un tono bajo, y puede ser temblorosa y floja; mientras que la postura corporal puede suponer matices como hombros caídos, cuerpo encorvado o agachado.

 

Comunicación verbal del estilo pasivo

El contenido de la comunicación suele contener mensajes de duda e inseguridad, que dejan el peso de la interacción al interlocutor, así como se evitan los mensajes concisos y explícitos. Algunos ejemplos pueden ser emplear frases como: “Quizás, supongo, me pregunto si podríamos, te importa mucho que, solamente, realmente no es importante, no te molestes…”

 

Efectos de la comunicación pasiva

Cuando empleamos un estilo de comunicación pasivo, podemos sentir con mayor frecuencia conflictos interpersonales, tristeza, resentimiento o enfado en nuestras relaciones con otros. Esto se debe a que, al emplear este estilo, lo que nosotros necesitamos y lo que queremos expresar y pedir, queda fuera de la negociación que supone un intercambio de comunicación. Es decir, aunque nosotros sepamos lo que queremos, al no comunicarlo explícitamente, no se contempla en la interacción con la otra persona.

Cuando empleamos este estilo con frecuencia, podemos sentir ansiedad en las interacciones interpersonales, poco control y una imagen algo negativa de nosotros mismos. A su vez, el interlocutor puede experimentar dificultades y confusión a la hora de saber qué esta expresando el emisor que emplea un estilo pasivo.

 

2. Estilo de comunicación Agresivo

En este estilo, el objetivo de la comunicación no es un intercambio ni una negociación, se imponen las necesidades y opiniones sobre las de la otra persona sin tener en cuenta su punto de vista. Puede o no haber elementos como acusaciones o insultos directos, pero lo que define este estilo es la dinámica por la cual uno está en dominio y la otra persona se encuentra minimizada. En el estilo agresivo, la persona no se esfuerza por conocer ni comprender el punto de vista de las personas con las que se interactúa, se busca imponer la expresión de las propias ideas, sentimientos y necesidades de forma inapropiada y dañando los derechos de los demás.

 

Comunicación no verbal del estilo agresivo

Cuando empleamos un estilo de comunicación agresivo, la expresión de nuestra cara suele mostrar tensión y emociones hostiles, como enfado o agresividad. La mirada suele ser desafiante y directa, y la voz con frecuencia puede tener un tono elevado o brusco. Los gestos corporales cuando nos comunicamos de una forma agresiva, suelen ser dominantes o amenazantes, pudiendo ser más o menos explícitos.

 

Comunicación verbal del estilo agresivo

El contenido de los mensajes comunicados con un estilo agresivo, suele hacer alusión a la imposición de un criterio, una opinión o una necesidad; sin dejar espacio para que el interlocutor participe realmente del intercambio. Algunas expresiones que se usan con frecuencia en este estilo podrían ser: “harías mejor en, ten cuidado, debes estar de broma, si no lo haces…, no sabes, deberías, mal, por tu culpa, más te vale, deberías, tienes que”. En ocasiones, la comunicación agresiva puede incluir críticas, invalidación de los sentimientos del otro, verbalizaciones negativas hacia su persona, anotaciones sarcásticas y/o humillantes.

 

Efectos de la comunicación agresiva

El estilo de comunicación agresivo puede llevar con frecuencia a experimentar conflictos en las relaciones interpersonales. Comunicarse de esta forma puede romper o destruir relaciones de amistad, de pareja, de colaboración laboral… La persona que emplea este estilo de comunicación, a menudo se puede sentir frustrada e insatisfecha en sus intercambios de comunicación con otros, sintiéndose sin control, con tensión y enfado.

Por su parte, el interlocutor suele experimentar sentimientos de miedo y/o rechazo hacia la persona que se comunica desde el estilo agresivo, buscando evitar el contacto en el futuro.

 

3. Estilo de comunicación Asertivo

El estilo de comunicación asertivo consiste en un tipo de interacción en la que se expresa una opinión o pensamiento de forma honesta y a la vez tratando de tener en cuenta la perspectiva de la otra persona. Se trata de comunicar lo que se piensa y se siente, con el fin de trasladar al receptor qué opinamos, sentimos o necesitamos.

En el estilo asertivo, se comunica de manera directa aquello que uno piensa y siente, siempre que crea que tiene valor y que no incomodará u ofenderá de manera excesiva a alguien. Es decir, se comunica de manera honesta y transparente, pero sin intentar dominar a la otra persona. Es una forma de comunicarse eficaz, donde la persona habla claramente a los demás y con franqueza, y es capaz de pedir lo que desea, de expresar lo que siente sin herir a los demás y de negarse a hacer lo que no le apetece o no le parece razonable.

 

Comunicación no verbal del estilo asertivo

Cuando nos comunicamos desde un estilo asertivo, la expresión de nuestra cara es tranquila y amable. La mirada suele ser directa, pero sin resultar intimidante, y la voz es clara y firme. Respecto a la postura, el cuerpo con frecuencia está erguido y los gestos son adecuados y amables.

 

Comunicación verbal del estilo asertivo

En el estilo asertivo, el contenido de los mensajes expresa las ideas y los sentimientos de una forma adecuada, respetando los derechos de los demás y los propios, haciendo alusión a hechos concretos, hablando en primera persona y sin descalificar al interlocutor. De esta manera, emplearemos expresiones como: “me siento … cuando tú haces…(hechos)”, “Yo creo, yo pienso, yo me siento….”, “Comprendo que tú…. pero yo….”, ¿Qué piensas?”,  “Qué te parece?”, “¿Tú qué opinas?”, “A mí me gustaría…”.

Es decir, las verbalizaciones suelen ser positivas y comprensivas, expresando lo que queremos y necesitamos pero atendiendo a la validación de los sentimientos del otro.

 

Efectos de la comunicación asertiva

El estilo de comunicación asertivo permite que la relación con otras personas sea satisfactoria, simétrica y a la vez no acumula tensión constantemente. Un intercambio de comunicación asertivo resuelve los problemas contribuyendo a que la persona se sienta a gusto con los demás, consigo mismo y satisfecho.

Comunicarnos de manera asertiva nos ayuda a sentirnos relajados y con más control en nuestras interacciones personales, a la vez que hace sencillo a nuestros interlocutores comprender qué necesitamos y sentirse respetados y atendidos por nosotros.

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Santiago Cid Paz Psicólogo Clínico, orientación cognitivo-conductual. Licenciado en la Universidad Pontifica de Salamanca con Master en Psicología Clínica y de la Salud en la Universidad Complutense de Madrid. Experto en EMDR nivel I por la Asociación Española EMDR. Especialista en tratamientos de ansiedad.

7 respuestas a «Los tres estilos de comunicación y sus efectos»

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